Cuento de terror la carretera maldita

Como en todos los cuentos de terror, las historias empiezan al anochecer, cuando los entes malignos son más fuertes y toman por sorpresa a las personas, en este caso, se trata un caso insólito, en donde un agente de ventas que salía siempre a la ciudad de Pachuca Hidalgo, desde la capital del país, a vender autopartes y refacciones.

Pero como en todas las empresas buscan ahorrar, no pudieron mandarlo por la autopista, así que por medio de un mapa antiguo, que tenía el dueño de la empresa, le dieron al vendedor, una ruta a seguir, un camino rural, para ahorrar kilómetros y de paso ver si era un sitio en donde pudiera vender sus mercancías.

Y así se enfilo en su camino, el Sr. Aurelio Vargas, ya una persona entrada en años, que rondaba en los 60 años y aun así andaba trabajando sin parar, fue como emprendió su camino, y desde el inicio, todo le empezó a salir mal, era como si el destino le impidiera seguir su camino, pero aun así, y con la camiseta bien puesta de la empresa que por años le había dado de comer, salió de la capital.

Al pasar unos 120 km de la autopista, vio la brecha que le habían marcado tomar, fue desde ese momento en que al atardecer, nada fue igual, para empezar, no había gente circulando, no había letreros, y la noche llego sin avisar.


De repente, vio que la carretera, se encogía bastante, y apenas cabía un vehículo, fue cuando vio las luces de algo que sin avisar, estaba enfrente de él, el señor apenas si pudo frenar, y se salió de la carretera y al voltear nada había en el lugar, algo le había jugado una mala broma y siguió su camino.

Después de eso, vio que avanzaba y una extraña montaña que parecía tener la forma de un demonio a su lado izquierdo le llamo la atención, y pasaron las horas, y en 3 ocasiones la volvió a ver, algo andaba muy mal y él lo sabía, la noche parecía eterna, el viaje que duraría unas cuantas horas, ya llevaba más de 4 y la gasolina empezaba a escasear.

Fue cuando de pronto vio unas luces, era el pueblo que le habían marcado, pero al llegar, era un pueblo fantasma, nadie vivía ahí, fue entonces cuando vio que estaba por terminársele el combustible, cuando se bajó del auto, el precavido, siempre llevaba un tambo de gasolina y se lo empezó a echar, fue cuando bajo del coche, cuando unas risas burlonas se escucharon en el aire, y vio volar a un par de brujas, para esto ya había terminado de vaciar la gasolina y vio que el sol empezaba a salir, sin dudarlo, salió del pueblo y en 1 hora estaba de nuevo en la carretera, algo que no pudo comprender.

Sin duda había sido víctima de algo o de alguien maligno, pero gracias a su pericia y su fe, salió bien librado, regreso a su oficina y contando todo a sus patrones y avisando que era hora de tramitar su jubilación, se retiró del lugar.