Cuento de terror arriba en el cerro

Cuento de terror arriba en el cerro

Beto disfrutaba ver el cielo, así que cuando el paisaje urbano se volvió denso, el mejor lugar que encontró para continuar con su práctica fue un cerro muy agreste, en el corría gran cantidad de peligros, pero los ignoraba. Un día se le fueron las horas hasta el atardecer, y aún tenía que bajar la ladera, pero le pareció mejor opción quedarse en la cima, buscar un refugio y pasar la noche ahí, pues le asustaba más la idea de alguna caída.

Acomodado junto a algunas rocas, concilió el sueño con facilidad, al despertar, aún era de noche, pero la luna y las estrellas brillaban mejor que cualquier lámpara, así que era tiempo de admirar el paisaje celestial. Tan solo unos segundos después, algo llamó su atención, a primera vista parecía una estrella, pero tintineaba mucho, además aumentaba de tamaño. Con la vista fija en el destello, este tomaba mayor nitidez, abandonando la forma redonda.

Después, se apagó súbitamente, desapareciendo frente a sus ojos, así, sin más, estaba a punto de ponerse de pie, cuando nuevamente el fulgor tomó fuerza justo frente a él. De inmediato, sin pensar en nada, Beto se echó a correr, sin iluminar el camino, sin fijarse donde pisaba, sin importarle bajar arrastrándose.

Al llegar al pie del cerro, se encontró con dos hombres mayores, le aluzaron con sus lámparas y le advirtieron sobre estar en ese lugar a tales horas, porque era la zona preferida del espectro de una jovencita, que se suicidó dos años atrás, por motivos amorosos.

A pesar de que fueron tan solo unos fugaces segundos en los cuales Beto tuvo contacto con la luminiscencia, fue muy claro para él, tanto que el miedo invadió su cuerpo y prácticamente saltó del cerro para huir. Se trataba de una chica, una de rostro pálido y con profundo pesar, con los ojos negros, perdidos, una que intentaba tomar su mano y jalarlo con ella al vacío.